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viernes, 25 de diciembre de 2020

Y habló Felipe VI

Felipe VI en el discurso de Navidad 2020 (EFE)

Ya hace unos años, exactamente nueve, en un contexto político muy alejado de la actual situación, expresaba mi opinión al respecto: ¿Monarquía o República?

Hoy, tras la difícil "carambola" para investir a Pedro Sánchez, presidente del gobierno, no se dan las circunstancias mínimas y necesarias para abrir un debate que solo sirve para desestabilizar la nación y hacerla aún más vulnerable a los enemigos de España. Que no son otros que los descendientes de los que en el año 36 del pasado siglo nos llevaron a una guerra civil tras un periodo de desorden y anarquía.

Este debate solo se puede abrir desde una situación de plena madurez, sin intereses mezquinos y con políticos que estén a la altura requerida. Hoy no se cumplen ninguno de los tres requisitos.

Mucha expectación había despertado el discurso de Navidad de este año, en cuanto al contenido y a las palabras que dirigiera por la presunta y cuestionable actitud de su antecesor y padre, Juan Carlos I.

Al final, estas palabras, como es habitual en un discurso de esta naturaleza, apelan al respeto de todos a las leyes, a los principios éticos y a ejercer con la ejemplaridad necesaria para ostentar un cargo público, ni más ni menos.

Ahora cada cual puede interpretarlo como quiera, criticarlo o ensalzarlo. Pero lo dicho, dicho está.

Aquellos que querían hacer que denostase a su padre, para así “congraciarse con el pueblo”, se quedaron con un palmo de narices. Felipe VI, lógicamente, no cayó en la trampa. Hubiese sido cosa de kamikazes, y aquellos ya saben que se drogaban para llevar a cabo sus misiones suicidas.

Así que ahora, nos queda esperar a reunir los requisitos necesarios y suficientes para que un cambio constitucional de gran relevancia y trascendencia  se haga desde un gran consenso, como fija La Constitución. Y no desde la algarabía de partidos residuales y desestabilizadores como son Podemos, ERC o Bildu, por citar a los más beligerantes.

¡Salud, a todos y todas!

lunes, 26 de febrero de 2018

#MWC18, no hay mal que por bien no venga



Felipe VI a su llegada al Palau
Sí, con esta frase tan manida se puede definir lo que ocurrió ayer en Barcelona, durante la recepción al jefe del Estado, posterior cena e inauguración del Mobile World Congress en su edición de 2018, que lleva celebrándose en Barcelona desde 2006 y que tiene previsto sea hasta 2023. Pero con actitudes como las planteadas ayer por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el presidente del Parlament, Roger Torrent, todo puede cambiar.
Convenciones así, requieren de lugares hospitalarios, alejados de algarabías, conflictos y disturbios. La imagen del MWC y su importancia en el mundo de las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones, así lo requieren.
La actitud de los referidos políticos, lejos de ser la que se esperaba de quienes ostentan una representación pública, que reúne muchas sensibilidades diferentes, no pudo ser más inoportuna, rastrera y conflictiva.
Ada Colau, responde a los medios
La hoy alcaldesa Ana Colau, argumentaba que: Ayer expliqué que no participaré en la recepción protocolaria del Rey, lo que coloquialmente se conoce como “el besamanos”. Sí que participaré en la cena y en la inauguración del Mobile World Congress donde coincidiré con el Rey y otras instituciones. Allí nos relacionaremos con respeto entre representantes de diferentes instituciones que hemos trabajado intensamente para que esta edición del Mobile sea un éxito. Pero una cosa es el respeto institucional y otra la pleitesía. Más en los tiempos que corren.
Posteriormente aclaró que todo se debía al discurso que Felipe VI dio tras el 1-O: “reflejó una falta de empatía bestial.
Algo propio de alguien sin sentido común, dominado/a por una rabieta infantil y consecuentemente incapacitada para la labor política.
La respuesta del rey, no pudo ser más escueta y acertada: “Yo estoy aquí para defender la Constitución y el Estatuto”.
Cena de apertura MWC18
Si bien cabe destacar que la alcaldesa buscó saludar y conversar con el rey, aplaudió su discurso, mientras Roger Torrent se quedó de brazos cruzados y en ningún momento trató de saludar al jefe del Estado. Y es que los partidos separatistas cada vez buscan candidatos más reaccionarios para sus instituciones y la única forma de acabar con ello es en las urnas. Las últimas encuestas dan solo ya un 40% a los separatistas, sumando eso sí aún votos de la antigua Convergencia, que con su posición lo único que busca es el apoyo al político más corrupto y que más tiempo ha presidido la Generalitat: Jordi Pujol.
Así que en las próximas elecciones, espero que definitivas, triunfen la razón y los buenos modales y se queden los partidos separatistas en lo que siempre han sido, una minoría con voz y voto, pero nada más. Es decir, no hay mal que por bien no venga, como decía aquel.

Nota: Y no soy monarquico, pero si educado y responsable, o eso creo yo:
Monarquía o República de diciembre-2012

domingo, 27 de agosto de 2017

Sí tenemos miedo



Ayer sábado, una manifestación en Barcelona a la que acudieron el Rey Felipe VI, el presidente Mariano Rajoy y destacados miembros del gobierno y de la Comunidad Autónoma catalana, se convirtió en una reivindicación por la independencia de Cataluña.
Era algo, que por esperado no debía de ser noticia, pero siempre cabe la esperanza de la razón y del sentido. Las víctimas, 15, fueron olvidadas.
David Minoves, un manifestante sospechoso
Una de las imágenes que más impacto causó, dada su proximidad al rey, fue la pancarta de un aparente anónimo y circunstancial manifestante, que resultó ser un destacado miembro de ERC: David Minoves. Quien no hace mucho tiempo se deshizo en agasajar a Arnaldo Otegi, proetarra, condenado por terrorismo.
También pudimos ver otras imágenes que hablaban por si solas, como las de la mujer que con una señera por capa se dedicaba afanosamente a romper carteles que reivindicaban “Justicia y Paz” o mensajes similares.
Independentista rompiendo carteles de "Justicia y Paz"
Creo que el Rey no se debía de haber prestado a realizar tal acto de presencia en una manifestación, como también creo que su decisión, por libre, debemos de respetar. El tiempo se encargará de mostrar lo acertado o no de su acción.
La vileza mostrada por los dirigentes independentistas que aprovecharon el dolor de las víctimas para convertir el acto en un altavoz de sus demandas, no pudo ser más cruel.
Yo siempre me he mostrado partidario de un referendum donde los catalanes y solo los catalanes expresasen su deseo, y que para ello se articulasen las medidas  legales necesarias. Pero tras lo visto creo que podría ser abrir una puerta al fraude y al engaño, en la misma medida que Nicolás Maduro no aceptó el resultado de las elecciones legislativas de Venezuela y convocó, pasado el tiempo, otras para confirmar su dictadura. Algo parecido podría pasar en Cataluña.
Y sí, sí tenemos miedo.
Miedo a la cobardía de los ataques yihadistas que realizan por sorpresa y de forma indiscriminada.
Miedo a los separatistas catalanes que pueden llevar a España, junto a los partidos populistas, a una grave crisis de paz y convivencia común.
Miedo a un gobierno que no toma las medidas que la situación requiere y deja pasar el tiempo como si el tiempo arreglase todo.
Miedo a unos políticos cuyo mayor afán ha sido llenarse los bolsillos con el dinero de todos y crear una sensación de corrupción generalizada, falta de ejemplaridad y honestidad.
Sí, tenemos miedo a que nuestros hijos hereden un país roto y desestabilizado.

sábado, 30 de julio de 2016

Autoritarismo y democracia



Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta en funciones
Si algo distingue un régimen democrático de un régimen autoritario o dictatorial es la elaboración y promulgación de leyes justas que ordenan la convivencia así como el cumplimiento ineludible de las mismas por todos los que forman el Estado, como una comunidad organizada, sin distinción o privilegio alguno.
Todos los días estamos viendo y oyendo como el régimen presidencialista de Nicolás Maduro en Venezuela, por citar un ejemplo conocido, ningunea a la nueva asamblea surgida en las elecciones del pasado mes de diciembre, llevándonos las manos a la cabeza, ¡qué horror!
Viene esto a colación porque en los últimos tiempos un “exceso de interpretación” de las leyes por parte de algún político está poniendo en solfa los pilares fundamentales de nuestra sociedad.
Si no hace mucho tiempo, marzo-16, que el gobierno del Sr. Rajoy comunicaba oficialmente al Congreso que se negaba a ser sometido a control parlamentario mientras esté en funciones, ahora tras las nuevas elecciones y ser propuesto como candidato a la presidencia del gobierno por S.M. el Rey Felipe VI, una serie de declaraciones ambiguas, en las que mantiene que a lo que realmente se ha comprometido es a intentar formar Gobierno y, en consecuencia, hacer todo lo posible para recabar los apoyos necesarios. Nada más.
La investidura queda “para otro momento procesal que afecta a las dinámicas parlamentarias”.
Notificación de La Casa Real
Así pues dicho esto, la vicepresidenta Soraya nos ha soltado otra frase para la historia: "La coherencia personal y política está antes que la coherencia jurídica", con lo cual nos despeja todas las dudas sobre el objetivo real del actual presidente en funciones: aferrarse al cargo ya sea en funciones o apelando al discurso alarmista y catastrofista, bloqueando los plazos legales para la convocatoria de unas terceras elecciones, si es que como parece no se echa a un lado y deja que otro compañero o compañera lo intente. El Sr. Rajoy es ya “un cadáver político” aunque se le quieran mantener las constantes vitales en esa UCI política en que se ha convertido el Partido Popular.
La interpretación interesada por tanto que hacen del artículo 99.2 de la Constitución Española de 1978, no puede ser más interesada y torticera.
Cuando tras las elecciones de diciembre de 2015, Mariano Rajoy declinó la propuesta del rey Felipe VI y cayó la designación en Pedro Sánchez del PSOE, se apresuraron las huestes del Partido Popular en fijar plazo y fecha para la sesión de investidura.
Y ahora ya ven ustedes, hacen de España su cortijo. Dejando la labor e imagen del Congreso como si de una reunión formal o protocolaria se tratase y que todo se pacta o no, en bares, restaurantes u otros sitios de ocio. ¡De pena! ya no dan ni ejemplo.

jueves, 19 de junio de 2014

¿Qué esperamos del rey Felipe VI?



Los reyes Felipe y Leticia, saludan desde el balcón
Que se ha abierto una nueva etapa en la historia de España, es una realidad incuestionable. Que esta etapa sea una etapa más en este devenir, dependerá no solo del nuevo rey, sino de todos los que conformamos la sociedad y el estado español.
En él recaen la más alta representación, la jefatura de las fuerzas armadas, la impartición de la justicia y, la moderación y arbitraje en el buen funcionamiento de las instituciones.
Hoy en su discurso de proclamación citó unas palabras de Cervantes, puestas en boca de Don Quijote: “Ningún hombre es más que otro, sino hace más que otro”.  Palabras que sin duda encierran el convencimiento de que su rol en la historia, no vendrá dado por una circunstancial ley sino por su comportamiento y ejemplaridad. Palabra esta última que también ha pronunciado como guión de su reinado.
Ahora solo queda que estas manifestaciones se corroboren con gestos y hechos, y que realmente haga una realidad de que en España cabemos todos.
No tiene por delante una labor fácil. La monarquía es un sistema anacrónico que hoy en día carece de una base lógica y racional. Si bien en estos momentos goza de toda la legalidad y por ello le brinda una oportunidad histórica para convencer de sus ventajas.
El rey Felipe VI, jura La Constitución
La situación actual de la economía española, los afanes secesionistas, los abundantes casos de corrupción política, la arbitrariedad de algunas medidas judiciales, las desigualdades sociales, la falta de ejemplaridad y el escaso o nulo afecto a la actual clase política, le presentan un territorio hostil.
Pero es en mares revueltos donde se forjan los buenos marineros.
Si se aferra al timón con decisión, con el rumbo marcado y no le tiemblan ni el pulso ni el ánimo, tiene ante si la ocasión de legitimar popularmente su mandato constitucional.
Es el momento. Ahora sobran las palabras y los discursos. Solo valen los hechos.

sábado, 7 de junio de 2014

La tricolor



Que un cambio de modelo de Estado, conlleve un cambio de la bandera, es para hacérselo mirar. Sin duda.
La reciente abdicación del rey Juan Carlos, ha precipitado el debate monarquía-república. Debate que han monopolizado esos partidos de corte bolivariano, con nostalgias marxistas-leninistas. Y lo que sin duda han conseguido es que muchos que no dudamos que el sistema republicano es el modo más democrático de regir un país, estemos pensando en la oportunidad de apoyar la monarquía, ante tanto revolucionario de corte retrogrado. Cuyo único fin es apropiarse ellos del poder y sumergirnos en lo peor que le puede ocurrir a un pueblo: La falta de libertad.
La bandera, símbolo de una nación, arraigada en el tiempo de la historia, no tiene nada que ver con el modelo de Estado. En nuestro caso además, la tricolor nos trae recuerdos de una parte de la historia de España, que nunca se debió de escribir. Es quizá el periodo más aciago de nuestra historia, que acabó enfrentando a unos españoles contra otros y causando cientos de miles de víctimas. Y que casi 80 años después, algunos quieren revivir, haciendo de la venganza y del ajuste de cuentas su verdadero ´leitmotiv´.
Mucho ha cambiado España en estos años. Las circunstancias ya no son las mismas y los cantos de sirena ya no son escuchados por tantos como lo fueron en los años 30.
El mundo también ha cambiado. El sistema comunista ha demostrado su fracaso en todos los países en los que se impuso. La pobreza, la falta de libertad, el estancamiento y la infelicidad fueron sus resultados. Hoy ya es un sistema marginal, que camuflado con otros nombres aún rige los destinos de algunos pueblos – Cuba, Venezuela o Corea del Norte- y cuyos ciudadanos sufren en sus carnes los resultados de un sistema corrupto, dictatorial e injusto.
La gravedad de todo lo ocurrido en España en estos últimos años, no puede ser la excusa para encaminarnos al desastre. Todo lo ocurrido debe ser y será corregido desde la sensatez y la madurez de una nación moderna, occidental y democrática.
Yo estoy seguro, que transcurrido un tiempo, con las aguas más calmadas y con esa visión que da el tiempo de las cosas, nuestro nuevo rey Felipe VI, educado en la modernidad y con un sentido amplio de la historia, promoverá las reformas constitucionales necesarias para refrendar nuestros valores, nuestros principios y nuestro sistema de Estado.