Por otro lado, la revista The
Economist destaca en su portada el conflicto en Irán como "una
guerra sin estrategia". Según el medio, los objetivos militares de
Estados Unidos no están claramente definidos, lo que le otorga una
responsabilidad especial para precisar qué pretende lograr con sus acciones
bélicas.
Tras el ataque inicial al lugar de
reunión de los líderes iraníes, en el que murió el ayatolá Alí Jamenei,
parecía que la estrategia estadounidense era descabezar el régimen para
propiciar su derrocamiento. Sin embargo, esta suposición resultó errónea. En
apenas una semana, el hijo del líder, Mojtaba Jamenei, fue elegido para
sustituirlo, mostrando la capacidad del régimen iraní para resistir y adaptarse
ante los ataques.
Por otra parte, la reacción de Irán
atacando bases y objetivos militares de varios países del Golfo Pérsico no
parecía estar contemplada en el planteamiento inicial de Estados Unidos, lo que
añade un nuevo nivel de complejidad al conflicto.
Las declaraciones de Trump sobre una posible pronta resolución de la guerra en Irán han evidenciado un problema adicional: Israel y Estados Unidos tienen visiones bastante diferentes sobre el conflicto, según destaca The Wall Street Journal. Esta disparidad plantea la cuestión sobre quién toma realmente las decisiones, si Israel o Estados Unidos.
En junio pasado, Israel atacó a Irán
sin que la escalada alcanzara la magnitud actual. En este momento, se estaban
llevando a cabo negociaciones para un acuerdo sobre el desarrollo nuclear
iraní, considerado la mayor amenaza potencial si Irán lograra construir armas
nucleares. El supuesto apoyo a organizaciones terroristas era secundario. El
nuevo líder, M. Jamenei, reivindica su derecho a seguir adelante y
rechaza cualquier negociación, empeorando la situación tras los últimos
ataques.
El
ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha declarado:
"Hemos perdido nuestra confianza en Estados Unidos como socio
negociador", lo que evidencia el deterioro de las relaciones
diplomáticas y la dificultad para retomar el diálogo.
Mientras continúan los ataques y aumentan las víctimas mortales, el precio del petróleo Brent de referencia en Europa está subiendo. Aunque tras el fuerte incremento inicial parece estabilizarse en torno a los 90-92 dólares por barril, supone un aumento del 23-27% que repercute directamente en los precios energéticos, tanto de combustibles como de electricidad y otros productos. El cierre del estrecho de Ormuz agrava aún más el problema. Las Bolsas mundiales, tras el desplome de los días dos y tres de marzo, parecen buscar una cierta estabilidad aunque persiste una elevada volatilidad. Hay que evitar que la “furia épica” se convierta en un Error Épico.
Qué esta guerra derive en algo peor, solo Dios lo sabe. Y a Él nos encomendamos. Pero debemos TODOS trabajar y colaborar en que no sea así.


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