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| Ana Botella, alcaldesa de Madrid |
Todo era heredado de su
antecesor el ambicioso e insaciable Sr. Gallardón; el equipo de gobierno, la descomunal deuda y su sillón presidencial en esa sede megalómana y onerosa que es hoy el Ayuntamiento.
De sus aficiones
políticas, sabíamos hace mucho tiempo. Una primera versión de su historia, la
hacía protagonista de haber despertado en su esposo el “gusanillo” político al
haberle llevado a un mitin de la entonces Alianza Popular del Sr. Fraga.
Posteriormente en otra versión, al parecer no fue así, fue al contrario. Pero
qué más da. De lo que no nos quedó duda a muchos madrileños y españoles, fue de
sus pretenciosos afanes de notoriedad y de protagonismo perenne, que culminó
con aquella fastuosa y costosa boda de su hija en El Escorial. Boda suntuosa
allá donde las haya. A la que por cierto asistieron “la flor y nata” de la
entonces incipiente y floreciente red de corrupción, que ha dejado la
credibilidad de nuestras instituciones por los suelos.
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| Bárcenas y Berlusconi en El Escorial |
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| La Sra. Botella y su mentor, el Sr. Gallardón |
Solo quiero despedirla y si
me permite aconsejarla, de que no trate ahora de perpetuar a la familia en la
política a través de sus hijos. Salvo que estos por méritos y deseos propios,
así lo decidiesen. Su tiempo político ya pasó, más mal que bien y el de su
esposo también. Así que nada mejor que seguir con el desarrollo y crecimiento
de su empresa Famaztella, sus libros, conferencias y por que no, algún cargo en
alguna sociedad de las que se prestan a ello.
Ya han hecho “mucho” por
Madrid y por España.
Cerramos así un capítulo,
digno de ser olvidado y superado. Desde Dª Carmen Polo de Franco hasta usted, Dª Ana Botella de Aznar, no habíamos tenido una consorte tan afanosa.
Adiós Ana, adiós.





