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| Mario Conde (Foto de su perfil en Twitter) |
Hoy en la
web de Sociedad Civil y Democracia, podemos leer la noticia de la dimisión de
Mario Conde de la presidencia del partido que el creó y con el que llegó a
concurrir a las elecciones gallegas de 2011, obteniendo un resultado peor de lo
que muchos esperábamos y que algunos creíamos que se merecía. Su
mensaje era el de devolver el poder civil a una sociedad frustrada.
Desconozco
la razón o razones que le han llevado a tomar esta decisión. Con cerca de 65
años y tras superar un difícil y cruel período, resurgió de sus cenizas y con
una fuerza increíble volvió a hacerse un puesto en la sociedad, como
empresario, escritor, comentarista y otras cosas más. También en Twitter se
convirtió en un habitual con más de 85 mil seguidores, estableciendo verdaderas tertulias.
Hoy casi
20 años después de la intervención de Banesto y unas semanas después de su
desaparición como banco, al haber sido integrado en la matriz, ya pocos
recuerdos quedan de aquel despropósito que acabó con su meteórica carrera. También
la que fue sede central del banco, en la plaza de Canalejas, va a ser sometida
a una importante reforma que convertirá el edificio en sede de un gran hotel de
lujo y un selecto centro comercial. Parece que el tiempo lo quiere borrar todo.
Hoy con
todos los escándalos que estamos viviendo de corrupciones, con una praxis
bancaria que deja mucho que desear, donde las llamadas cajas de ahorro prácticamente
han desaparecido junto al dinero perdido, no puedo evitar volver la vista atrás
y decir:
¿Era tan
disparatada aquella gestión de Banesto, que hasta el propio banco estadounidense
J.P. Morgan, trató de avalar ante el banco de España su viabilidad absoluta?
Siempre
he creído que Mario Conde necesitaba y se merece un éxito social que le resarza
del daño moral que esa atribulada historia le infligió. Todavía hay tiempo.
“Pero es la hora de
pasar del discurso a la realidad. Algunos dirán que nuestra sociedad no está
preparada, que es silente, que protesta pero no actúa, que se calla, que
soporta lo que le echen, que se acoge al mal menor. Pues es posible, pero no es
seguro. La única manera de comprobarlo es preguntarle si quiere de verdad que
esto cambie. Si reclama un conjunto de leyes que le devuelva sus derechos, su
protagonismo, que instale libertades reales y no formales, que abran la vida
política a ciudadanos que puedan estar en el Parlamento y seguir viviendo en la
vida privada, cada uno en sus profesiones, sin que la política sea un medio de
vida exclusivo financiado con cargo a la riqueza creada por otros”. Mario Conde

