Las listas cerradas, impiden votar directamente a quién realmente trabaja o puede trabajar por la circunscripción que representa. Deja en manos del partido el sentido del voto en todas las iniciativas parlamentarias.Los representantes “elegidos” deben su escaño al aparato del partido e impide que aporten su particular opinión de cualquier asunto, empobreciendo el debate parlamentario y consecuentemente la iniciativa legislativa.
El sistema D'Hondt aplicado por circunscripciones, que prima a las mayorías en perjuicio de las minorías. Distorsionando la iniciativa, la opinión y el voto, en aras de una mejor gobernabilidad. Dando como resultado unas instituciones – Congreso y Senado - que resultan ser más un decorado que unas cámaras legislativas, donde la opinión de los ciudadanos brilla por su ausencia desde el día de las elecciones.
La financiación de los partidos, nunca resuelta hasta ahora, que da alas y cobertura a la corrupción y cruce de intereses entre los poderes fácticos y los poderes constituidos legalmente.
La falta de vocación de muchos de nuestros políticos, que sólo ven en la política una forma de beneficiarse personalmente, sin el más mínimo sentido de lo que es el interés general.
El reflejo de la “partitocracia” en otras instituciones u organismos que pasan a ser meros comparsas de la mayoría que gobierna: Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Banco de España, Consejo de Estado, TV, Defensor del Pueblo y tantas otras.
Y por último, la inanidad del Senado, cámara sin contenido ni continente.
Si corrigiéramos estas cuestiones, con verdadera voluntad de mejora y mirásemos con más aplicación lo bueno de otras democracias occidentales, mejoraríamos notablemente nuestro sistema de estado, acercándonos más al ideal de democracia, que como todos sabemos no es otra cosa que el gobierno del pueblo.
