viernes, 3 de abril de 2026

Irán, un laberinto para Trump

            En un artículo anterior se denunciaba la ausencia de una estrategia tras el acierto inicial, la muerte de Jamenei, y el error de asumir que eliminar la cúpula supondría el derrocamiento del sistema. Esta percepción ha demostrado ser equivocada, ya que el sistema sigue vigente a pesar del golpe.         

Bombardeo del puente B-1

            Tras más de un mes desde el inicio de los ataques, tanto Estados Unidos como Israel han ampliado sus acciones a infraestructuras civiles, como el puente B1, recientemente inaugurado y que conecta Teherán y Karaj. Además, se amenaza con llevar los ataques a infraestructuras eléctricas, lo que implica daños colaterales significativos para la población civil. Irán, por su parte, se reserva el derecho de responder en instalaciones de otros países árabes del golfo pérsico e Israel, mientras que Estados Unidos permanece fuera del alcance directo.

        Donald Trump continúa mostrando un discurso incoherente y cambiante; en un día afirma que abrirá el estrecho de Ormuz y al siguiente sostiene lo contrario, instando a sus aliados a actuar. Su frustración con los aliados, quienes no le han apoyado, se traduce en ataques personales, como los dirigidos a Emmanuel Macron y otros líderes europeos. Macron se ha limitado a responder que “Trump no debería de hablar todos los días”, aludiendo a la constante verborrea del mandatario estadounidense. Asimismo, Trump ha criticado tanto a Keir Starmer (Reino Unido) como a Pedro Sánchez (España), evidenciando su descontento con la postura de los países aliados. Aliados qué se sintieron ignorados cuando se produjeron los primeros ataques el 28 de febrero.

          Resulta incoherente solicitar apoyo político, más que militar, después de haber actuado sin contar previamente con ellos. Todo ello apunta a una falta de razón suficiente para llevar a cabo dichas acciones, que parecen estar basadas únicamente en los deseos de Netanyahu, su belicismo y animosidad contra el régimen iraní.

          Según organismos como la O.I.E.A., la capacidad actual de Irán para fabricar un
arma nuclear es remota. Sin embargo, el debate sobre la posesión de armas nucleares no debería ser exclusivo de ningún país. Actualmente, nueve países disponen de arsenal nuclear: Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Estos arsenales se encuentran bajo constante vigilancia y algunos, como China, India, Pakistán y Corea del Norte, están modernizando sus capacidades, lo que genera preocupación sobre la no proliferación y el control de armamentos.

          La existencia de armas nucleares actúa como freno para su uso; de lo contrario, probablemente ya se habría desatado una tercera guerra mundial. Una confrontación entre dos países dotados de este tipo de armamento supondría consecuencias catastróficas para el mundo. La experiencia de Hiroshima y Nagasaki ilustra la magnitud de la destrucción, y hoy en día la potencia de las armas nucleares supera ampliamente la de entonces, entre 20 y 80 veces. Y las hay mayores.

          El conflicto contra Irán ha provocado repercusiones notables en el Líbano, donde el ejército israelí también bombardea ciudades bajo el pretexto de exterminar a Hezbollah, organización creada tras la invasión del sur en 1982.

          La situación actual plantea la pregunta: ¿Saldrá Trump del laberinto y con él todos nosotros, o no? Yo espero qué sí.