domingo, 21 de julio de 2013

El Anticristo y la Corrupción



"La Bestia"
“Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.” (Apocalipsis de San Juán 16,13 y 16,14)

El pasado mes de Junio, el Papa Francisco advertía durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta de «los corruptos» que, según el apóstol Juan son «el anticristo» y que «hacen mucho mal a la iglesia porque son adoradores de sí mismos».

Yo, sin atribuirme la idea, era algo a lo que llevaba dando vueltas mucho tiempo. Basaba mí asociación en la confluencia de tres grandes males; la codicia, la avaricia y la hipocresía, que confluyen en esa clase perniciosa que son los corruptos. Activos y pasivos. O sea corruptores y corrompidos. Da lo mismo que lo mismo da.

Desde siempre hemos visto asociada la religión con el poder, el dinero y el pecado. Se predica una cosa pero se hace otra. La farsa y el engaño acompañan a esos personajes codiciosos, cuya "adoración a Dios" es sólo una estrategia, para aparentar un papel que dista mucho de sus verdaderos intereses y objetivos. Para ello utilizan a la Iglesia y su gran influencia sobre millones de seres humanos, que sí viven el espíritu cristiano y solidario. Aquella frase de Jesús, que decía “Más fácil es que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos (Mateo 19,24)” no es más que la predicción y constatación de lo que expongo.

Niña desnutrida, a punto de ser alimento del buitre.
Es imposible, materialmente hablando, amasar una gran fortuna si no es en detrimento de otros. Es decir, si el pecado no es el medio. Si la pobreza y la malnutrición de millones de seres humanos, no se manifiesta.

Y es que la iglesia que fundó Jesucristo, no es la de los grandes boatos, las misas dominicales o las influencias políticas. No. La Iglesia de Jesucristo es la de la Madre Teresa de Calcuta, San Francisco de Asís, la Madre Maravillas o la más recientemente fallecida Madre María Emilia Igartua, ejemplos de cristianismo. Todas  ellas, vidas entregadas a hacer el bien al prójimo, sin mayor recompensa que la de saberse benefactores de la humanidad, de los más necesitados.