lunes, 18 de junio de 2012

Algo está fallando

Sí, algo no estamos haciendo bien y lo que es peor no nos damos o no queremos darnos cuenta.

La E.P.A. (encuesta de población activa) registra en el primer trimestre del año 465 mil parados más que en el último trimestre del año anterior. La retracción del P.I.B. (producto interior bruto) es de -0,3%, similar al trimestre anterior. El I.P.C. (índice de precios de consumo) es del 1,9% en el mes de mayo, mientras la tasa de inflación subyacente es del 1,1%. El euribor (tipo de interés interbancario europeo) está en el 1,221%.
 
Es decir, estamos en recesión, destruyendo empleo, con una inflación moderada y tipos de interés bajos.
La receta empleada hasta la fecha basa su potencial eficacia en la moderación salarial y el aumento impositivo. Lo que se traduce en una disminución de la renta disponible. Todo ello con objeto de reducir los costes laborales, aumentar la competitividad, mejorar las exportaciones y equilibrar las cuentas públicas.

Hasta aquí todo muy bien. Pero esto en una economía de servicios como la española trae consigo lo que estamos viendo y sufriendo. Justo lo contrario de lo propuesto. No hace falta haber estado en Harvard para darse cuenta de ello, me parece a mí.
¿Qué se podría hacer entonces?

Bien, la ecuación presenta 4 variables – costes laborales, competitividad, exportaciones y cuentas públicas- que son las que debemos manejar para conseguir esa eficacia buscada.

o   Costes laborales.- En España son un tercio inferiores a los de Alemania y la mitad de los de Bélgica. Los datos de Eurostat muestran que el problema de las empresas españolas no son los salarios de los trabajadores. Luego en principio estamos tratando de ajustar una variable que no sería necesario. ¿Por qué?: porque se está tratando de repercutir a los trabajadores el importante gasto financiero incurrido por muchas de nuestras empresas cuyo crecimiento desordenado lo ha sido a base de un endeudamiento irracional, ilógico y anormal. Por lo que se debería proceder, con todas sus consecuencias, a un desapalancamiento y venta de todas aquellas participaciones que tienen bloqueadas financieramente a nuestras empresas y volver a ratios de deuda razonables y consecuentes.

o   Competitividad.- La competitividad se obtiene ofreciendo productos y servicios al menor coste posible proporcionando la mayor satisfacción al usuario o consumidor. Ello requiere de un proceso de producción ágil y eficiente, con un beneficio proporcionado. Y aquí es donde está otro factor que parece no existir cuando de ajustes de la economía se habla: el beneficio. Nos hemos olvidado ya de lo que es la economía de escala y se pretende obtener cada vez más beneficio, de forma absoluta y también relativa. Y eso no puede ser. Hay que moderar también el beneficio.

o   Exportaciones.- Desde muy antiguo, la capacidad de vender fuera es una muestra del poder económico de una nación. Ello conlleva la entrada de valor externo con el  consiguiente aumento de la riqueza interna. Para conseguir mejorar esta variable hay que ser competitivo y original. La competitividad ya la hemos visto. Respecto de la originalidad se trata de ofrecer productos y/o servicios exclusivos. El turismo es uno de ellos. No se trata de una exportación en el sentido literal de la palabra, pero tiene los mismos efectos: entrada de valor exterior y creación de riqueza. En cuanto a otras actividades industriales o de servicio, requerimos de un programa ambicioso de inversión en investigación, desarrollo e innovación. Algo que a los españoles nos cuesta por que somos amigos de los resultados rápidos y abultados beneficios con el mínimo esfuerzo. Y para ello debemos de establecer un plan de objetivos realistas a largo plazo que nos permita ser exclusivos y originales. Ofrecer algo que otros no ofrezcan y que si lo ofrecen sea peor y más costoso. Y esto vale para todos los sectores, desde la agricultura a los servicios financieros.

o   Cuentas públicas.- Variable de trascendental importancia. La gestión de los caudales públicos debe de rozar la excelencia. Hay que maximizar los ingresos mediante un sistema impositivo justo, solidario, progresivo y eficaz. Buscando que haya el mayor número posible de contribuyentes con el menor esfuerzo impositivo relativo posible. Así mismo, los gastos deben de realizarse con una exquisita honestidad, aplicación y eficacia. Aquí hay un problema propio de la naturaleza humana que ve o considera el dinero de todos como algo ajeno, que no le compete. Y los encargados de su gestión, no sienten como deben de sentir su administración correcta. Eso sin entrar ya en la corrupción descarada que debe de ser castigada de forma ejemplar y contundente, ya que se trata de un mal que afecta a millones de seres humanos de una colectividad. Y como tal debería ser corregida.

4 comentarios:

  1. Es coherente el comentario

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias amigo anónimo, tenía mis dudas.

      Eliminar
  2. ¿Moderar el beneficio en la competitividad? Creo que eso se sale de los márgenes del sistema capitalista o por lo menos estaríamos hablando ya de políticas de decrecimiento. A ver si vas a ser afín a cierta linea de pensamiento... jajaja.

    Recientemente recordé el gran discurso de un líder político de antaño, en relación a los actuales acontecimientos políticos griegos, ya ni él ni sus palabras parecen tan radicales...

    http://orbesdefer.blogspot.com.es/2012/06/el-gran-discurso.html

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya lo leí ayer. Bueno, Julio Anguita dice muchas verdades. Y creo que ha sido un buen político, honrado y coherente con su pensamiento. Otra cosa es que defienda un sistema fallido, pero del cual sí se pueden extraer también cosas buenas. Y ese es el camino que deberíamos de seguir, apoyados en la experiencia hasta hoy. Coger lo bueno de uno y otro sitio, descartando lo malo. Olvidarnos del egoísmo, ser más solidarios y mirar por el bien general que a su vez es el bien individual. Pero…
      Un cordial saludo Fer

      Eliminar