A todos
los problemas e incertidumbres que tenemos en España, a pesar de la publicidad
engañosa de Rajoy&Montoro y Cia. se nos añade uno nuevo: La nueva
intervención quirúrgica a la que se debe de someter el rey Juan Carlos.
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| Juan Carlos de Borbón, rey de España |
Desde aquí,
mis mejores deseos de una feliz intervención y pronta recuperación. Eso ante
todo.
Ahora
bien, ¿es lógico que una persona, un ser humano más, sometido a una agenda
rigurosa a una edad ya avanzada, siga ejerciendo un papel institucional, por el
simple hecho de una tradición vetusta y extemporánea? Yo creo que no y aún me
causa más pavor quien apoya esa terquedad sin reparar, que a esas edades el
reposo y el ocio, son las actividades más recomendables, desde cualquier punto
de vista, científico, racional y humano.
En un
anterior artículo, Monarquía o República, di mi opinión de lo que dicha
institución representa hoy para mí. Pero ahora toca resaltar el concepto de
abdicación. Aquel por el cual, el legítimo monarca, cede en vida sus derechos
dinásticos a su heredero. Algo que hoy en día, como recientemente ha ocurrido
en dos monarquías europeas, debería de ser el referente de estas instituciones.
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| El Príncipe Felipe |
Hoy en
España, Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias, es el heredero de la
dinastía. Con 45 años, una gran preparación, nuevos modos y un rodaje más que
interesante, está reclamando naturalmente su lugar. Retrasar este momento,
supone seguir anclados en reglas anacrónicas e intereses inconfesables. Una
nación es más que una gran empresa y no puede permitirse el lujo de tener a su
primer ejecutivo en el banquillo.
Es hora
ya de que el sentido común, los intereses de todos y la adaptación de algunas
reglas al siglo XXI, prevalezcan por encima de esas costumbres arcaicas,
protocolarias e ineficaces.
La
abdicación pues del rey Juan Carlos, sería entonces un paso tan importante como
significativo, que además se llevaría con él, el espantoso espectáculo de su
yerno Urdangarín, cuyo daño y credibilidad a la institución no ha tenido parangón,
al menos que yo recuerde.

