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viernes, 21 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!



Adoración de los pastores - Murillo (siglo XVII)
Vivimos tiempos difíciles, adonde hemos llegado por la codicia de algunos y algunas, cuya forma de entender la vida es acumular dinero a costa de los demás. Incluso negando las necesidades más elementales.
No les importa. A veces dando una pequeña limosna o acudiendo a la misa el domingo, sienten que ya han realizado su labor y están en paz consigo mismo y con Dios. Nada más lejos de la realidad.
Por ello, en estos tiempos que recordamos “La Historia Maravillosa”, nunca perdemos la esperanza de que un día España y el resto del mundo sean mejores. Y que estas personas que tanto daño hacen a tantos miles y millones de personas, tengan “una luz” que les ilumine y les haga ver que todos, todos los seres humanos, tenemos derecho al trabajo, a la paz, a la felicidad y a una vida digna.
¡Feliz Navidad! y que este nuevo Año que pronto empieza, llegue a todos con ilusión y esperanza en un futuro mejor.

martes, 21 de diciembre de 2010

¡UNA HISTORIA MARAVILLOSA!

Pronto celebraremos la fiesta de La Natividad. Hace más de dos mil años que en Belén, nació Jesús “El Niño Dios”. Según la Historia Sagrada, fue concebido por María, esposa de José “el carpintero”, por obra y gracia del Espíritu Santo. Este niño, que años después proclamó ser hijo de Dios y se ofreció por todos los seres humanos en sacrificio, para enseñarnos el camino del bien y de la vida eterna, que murió y resucitó por todos nosotros.
¡Qué historia más bonita! Y cuántos enemigos tiene. Esto es lo que más me llama la atención. Si Jesús, solo deja enseñanzas y mensajes de Amor, Paz, Fraternidad, ¿por qué ese deseo de cuestionar su obra?. Si su obra es todo bien. No se trata de creerse o no esta historia, se trata de aprender y practicar su mensaje, bueno para todos.
Recordaréis esa campaña publicitaria, que hace tiempo decía: “Probablemente Dios no existe”. ¿A que incitaba? Sencillo, debilitar nuestra buena conciencia y reforzar la mala. Es decir, hacer el mal en lugar del bien. Dar rienda suelta a nuestros peores instintos. Ver a nuestros semejantes y lo que nos rodea, no como hermanos o compañeros de viaje, sino como artilugios a nuestro servicio. Esta es la base o el concepto de esos personajes codiciosos, sin conciencia ni humanidad, que ven en el dinero su único fin y objeto de la vida. O sea, el materialismo a la enésima potencia. El fin justifica los medios. Y el fin somos nosotros. Nuestra sociedad, desgraciadamente, esta montada y organizada en el valor inmediato y material. Esto que en un principio parece lo mejor, al final resulta ser lo peor. La ambición desmedida, la avaricia sin límites, la codicia insana y el desprecio a nuestros semejantes, nos lleva a una infelicidad perenne, a no encontrar nunca la meta ni el final de nuestro camino.
Por todo eso, me quedo con la Historia Maravillosa. Ese cuento, que solo lanza mensajes de bondad y de amor.
¡Qué más da que no fuese exactamente así!
¡Feliz Navidad y Buena Suerte!






sábado, 29 de agosto de 2009

"La niña que no ve su muñeca"


Día de Pascua de Navidad. 2 de enero de 1.928. En un tranvía madrileño, disco 25, he observado lo que voy a relataros, de tan intensa emoción que apenas el gran Macterlick, en su famoso poema “Los ciegos” pudiera reflejarlo cual yo quisiera. Puntualizo día, hora y lugar, porque creo así llevar mejor a vuestro ánimo la idea de que lo relatado no es una bien o mal concebida fantasía, sino una muy triste realidad.

Veréis: Entre los viajeros de aquel momento, medio día, iba, sentada sobre las rodillas de su abuelo, una criatura, niñita de, a lo sumo 4 años, quien a su vez sostenía sobre su regazo una cajita alargada y cuadrangular, de cartón. Ambos me eran conocidos por haber coincidido ya otras veces conmigo en idéntico trayecto, y por eso sé que la niña, completamente ciega, y su abuelo manco, debían sus terribles mutilaciones, su desgracia, a la explosión de una espoleta hallada al azar en las inmediaciones del Campamento militar de Carabanchel.
Algún día mejor que hoy, comprenderéis cómo los que somos padres, nos interesamos cordialmente a la vista de un niño desgraciado; de aquí que, en fuerza de tan natural fenómeno la niñita de que os hablo ocupase preferente mi atención durante el corto viaje. Ella, en cambio, tan inconsciente como sincera me dio la visión más dramática que podía ofrecer la angustiosa contemplación de su ceguera. La cajita que llevaba sobre sus rodillas se la habían regalado en aquella mañana como aguinaldo y contenía una muñeca. Abriola y con infantil curiosidad púsose a reconocer, a mirar su nena, como ella decía, a través de sus nerviosos deditos...¡no tenía “otros ojos”! A cada detalle que comprobaba con su visión interior acompañaba una jubilosa exclamación: ¡tene pelo rizado!, -decía- , y manos finas, y zapatitos; y un vestido que no e de fanela como el mío. ¡Oye!, padre, -añade al fin forzando el tono- , ¿“tamén tene ojos? ¡
Y aquí fue la tragedia en el alma del angelito; inició una desorbitadora reacción con sus inexpresivas, muertas pupilas negras, y tras el penoso esfuerzo inútil clamó resuelta: ¡padre no quero que tenga ojos la muñeca! ¡que sea tamén ciega! ¡arráncalos!...

Aquí renuncio, impotente, a reflejaros la intensidad dramática de mi emoción, y menos aún, la inmensidad del poema trágico de “la niña que no ve su muñeca”...Releed estas líneas, reconstituid según vuestra potencia imaginativa la escena que acabo de referiros y, no para que solamente os apenéis, que fuera insano designio, sino para que en vuestras precoces angustias y contrariedades halléis un motivo de resignación, de serena conformidad, pensad cuanto más triste que un niño sin juguetes, es el niño que no puede verlos y debate sus ansias en el triste mar sin orillas de su noche eterna, la incurable ceguera....***"Como regalo espiritual, permitid que os dedique esta flor de emoción cuyo perfume aspirará íntegro y no en balde vuestra alma infantil y nobilísima.”

Escrito en la fecha, por mi abuelo Fulgencio Ramos, periodista del diario Informaciones.