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En
octubre de 1929, la bolsa de EE.UU. sufrió una caída impresionante, diez años
después un loco que dirigía Alemania invadió Polonia y empezaba así lo que se
conoció como II Guerra Mundial. Por un lado el bloque aliado; liderado por
EE.UU., Rusia, Francia e Inglaterra. Por el otro, el conocido como pacto tripartito;
Alemania, Japón e Italia. Duró casi 6 años, dejó millones de vidas humanas y
ciudades destruidas.
Han
pasado desde entonces muchos años, más de 70, el mundo ha cambiado superando
aquella tragedia y la sociedad ha mejorado su bienestar de forma exponencial.
Durante
estos años ha habido guerras, conflictos, amenazas, crisis…pero creo que
ninguna con la cantidad de catalizadores que hoy se manifiestan. Por un lado la
reciente crisis financiera que estalló en 2008, que aún no ha encontrado un
camino adecuado para remontarla de forma contundente. Por otro, la cada vez más
evidente pérdida de valores en la sociedad occidental, donde la codicia se ha
impuesto como referente de los negocios con su consecuencia en el mundo laboral,
con un reparto no proporcional de la riqueza generada y muchos de los derechos
que tantos años costaron y sufrimiento causaron, se han visto cercenados en los últimos
tiempos.


Tampoco
debemos de olvidar que países como Iraq, Libia, Afganistán, Irán, Turquía,
Israel, Palestina, Cuba o Venezuela, entre otros, siguen siendo foco de tensión,
representando potenciales polvorines que pueden explotar en cualquier momento. Por
ello, insisto, que los actuales líderes de las grandes potencias, no pueden
dejarse llevar por arrebatos, fobias personales o cualquier otra circunstancia perversa,
cuando de la paz y del futuro de la humanidad se trata.
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