Una reciente noticia en el diario Cinco Días sobre la licitud de la cláusula suelo que recoge una sentencia de la Audiencia de Sevilla, me hizo recordar un reciente artículo de Opinión, publicado en EL ESPAÑOL, que reproduzco a continuación:

Pero
justo, el politizado y judicializado interés mínimo en la concesión de
hipotecas a tipo variable, conocido como cláusula suelo, me parece que es algo;
lógico, normal y de razón comercial.
Me han parecido una aberración jurídica las sentencias que han llevado a la decisión de que las entidades devuelvan el interés cobrado por aplicación de esos mínimos. Mínimos que estaban situados en tipos entre el 2% y 3% que no parece sean unos intereses desproporcionados, aunque hayamos vivido, o sigamos viviendo, esa irracionalidad de que el dinero no tiene coste, propiciado por los principales bancos centrales del mundo, desde Japón a EE.UU., pasando por Europa. Y que ha llevado a una inundación de billetes a las diferentes economías con objeto de reequilibrar la masa monetaria y hacer frente a la virtualidad del dinero creado al amparo de la burbuja financiera e inmobiliaria de los primeros años del siglo XXI. Todo ello con una deuda mundial que supera ya el 320% del PIB.
Me han parecido una aberración jurídica las sentencias que han llevado a la decisión de que las entidades devuelvan el interés cobrado por aplicación de esos mínimos. Mínimos que estaban situados en tipos entre el 2% y 3% que no parece sean unos intereses desproporcionados, aunque hayamos vivido, o sigamos viviendo, esa irracionalidad de que el dinero no tiene coste, propiciado por los principales bancos centrales del mundo, desde Japón a EE.UU., pasando por Europa. Y que ha llevado a una inundación de billetes a las diferentes economías con objeto de reequilibrar la masa monetaria y hacer frente a la virtualidad del dinero creado al amparo de la burbuja financiera e inmobiliaria de los primeros años del siglo XXI. Todo ello con una deuda mundial que supera ya el 320% del PIB.
Y
es que la economía financiera sí se ha convertido en un monstruo capaz de
devorar a la economía más solvente del mundo.
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