Aunque
parezca mentira vivimos una situación muy complicada y alarmante. No hay día
que no aparezca una noticia en los medios, denunciando una actitud delictiva o
un comportamiento indigno de algún político o asimilado.
El
ejemplo y la motivación brillan por su ausencia.
Cierto es
que aparentemente no pasa nada, que nos haga parecer una nación o un país
desestabilizado. Pero eso es algo que también se produce de forma casi espontánea
y entonces ya, a veces, es tarde.
Durante
muchos años se ha ido gestando una verdadera mafia alrededor de los dineros
públicos. De los presupuestos del Estado y de otros organismos autonómicos,
municipales o empresas públicas. Un verdadero desastre. Un colectivo
minoritario pero con el número y capacidad suficiente para dilapidar y expoliar
cientos de miles de millones de euros de los bolsillos de los ciudadanos.

Mientras,
la Justicia; desbordada, sin medios y fuertemente condicionada por los otros
dos poderes del Estado, difícilmente podía y puede hacer nada ejemplar y
determinante.
Muchos
inmigrantes que vinieron en busca de un mundo mejor, tuvieron que marcharse. También
muchos españoles, jóvenes sobre todo, han ido a otros países en búsqueda de un
futuro más motivador y esperanzador que el que esta caterva de golfos, sinvergüenzas
y delincuentes, nos han dejado. Una lacra social.
La solución
ya no es fácil. Son muchos los implicados y muchas las instituciones u
organismos afectados.

Solo con
el trabajo, el esfuerzo, la solidaridad y la buena conciencia, se consiguen
resultados satisfactorios para todos.
Y es con
el delito cobarde e impune, la insolidaridad, la codicia y el desprecio al ser
humano, como se consigue lo que desgraciadamente estamos viviendo.
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